¡Y el viento se llevó a una viejita volando!
¡¡¡JUUUUUSHSHSHSHSHSHAAASSSSHHHHHH!!!
La vimos despegar y ganar altura rápidamente, como los superhéroes, pero ella lucía una cara de pánico terrible, no sé, tal vez ese es su estilo. Volaba raro, como de medio lado y haciendo un movimiento de aleteo pero con un solo brazo. Muy inestable pensé yo, seguro si pudiera volar como ella lo haría de una forma más cool. La bolsa de la compra, de un rojo brillante fue lo que nos permitió seguirla viendo cuando ya estaba lejos en el horizonte. No gritó, no se despidió, es que ni siquiera avisó, súbitamente ¡¡¡PUFFFSSSSHHHHH!!! y ya estaba a unos 6 metros del piso.
Su esposo ni se inmutó, debe estar acostumbrado, pero yo me pensaba que era una descortesía para con todos los demás que estábamos allí. ¡Uno no sale volando así como así! Uno le advierte a la gente circundante, aquí hay mucho viejo, y eso implica mucho corazón a punto de fallar. Además el pobre esposo, se ve que él no vuela ni que se lance del techo del edificio, si el viejo apenas camina. Ella, ¡¡aggghh que desconsiderada!! lo dejo ahí, parado en medio del paseo, entendiéndose solo. Ojalá la puerta del balcón esté cerrada y ella no pueda entrar a su casa hasta que él llegue. Al menos se llevó la bolsa de la compra.
Hey, vamos a aclarar algo, no es que no me haya sorprendido, por el contrario, de milagro no me hice pipí un poquito, parado junto al viejo, en un dueto de bocas abiertas, una con dientes y otra con un solo diente ambos viendo el espectáculo. Fue increíble, ver a un humano tomar vuelo es fantástico, pero más nadie se dio cuenta, ni una sola alma se detuvo a ver, o al menos seguir por un momento, la errática trayectoria de la voladora viejita de la bolsa de compra roja. Tuve que tocar al viejo, para ver si era de verdad, cosas raras me han pasado antes y no quería pensar que esta fuera solo fruto de mi imaginación.
Pues nada, seguí camino a casa, brinqué disimuladamente un par de veces a ver si era algo que venía con el viento y luego pensé que podría ser algo en la dieta mediterránea mezclado con la edad. Al llegar, me asomé al balcón y vi al cielo buscando el punto rojo.
¡¡¡JUUUUUSHSHSHSHSHSHAAASSSSHHHHHH!!!
La vimos despegar y ganar altura rápidamente, como los superhéroes, pero ella lucía una cara de pánico terrible, no sé, tal vez ese es su estilo. Volaba raro, como de medio lado y haciendo un movimiento de aleteo pero con un solo brazo. Muy inestable pensé yo, seguro si pudiera volar como ella lo haría de una forma más cool. La bolsa de la compra, de un rojo brillante fue lo que nos permitió seguirla viendo cuando ya estaba lejos en el horizonte. No gritó, no se despidió, es que ni siquiera avisó, súbitamente ¡¡¡PUFFFSSSSHHHHH!!! y ya estaba a unos 6 metros del piso.
Su esposo ni se inmutó, debe estar acostumbrado, pero yo me pensaba que era una descortesía para con todos los demás que estábamos allí. ¡Uno no sale volando así como así! Uno le advierte a la gente circundante, aquí hay mucho viejo, y eso implica mucho corazón a punto de fallar. Además el pobre esposo, se ve que él no vuela ni que se lance del techo del edificio, si el viejo apenas camina. Ella, ¡¡aggghh que desconsiderada!! lo dejo ahí, parado en medio del paseo, entendiéndose solo. Ojalá la puerta del balcón esté cerrada y ella no pueda entrar a su casa hasta que él llegue. Al menos se llevó la bolsa de la compra.
Hey, vamos a aclarar algo, no es que no me haya sorprendido, por el contrario, de milagro no me hice pipí un poquito, parado junto al viejo, en un dueto de bocas abiertas, una con dientes y otra con un solo diente ambos viendo el espectáculo. Fue increíble, ver a un humano tomar vuelo es fantástico, pero más nadie se dio cuenta, ni una sola alma se detuvo a ver, o al menos seguir por un momento, la errática trayectoria de la voladora viejita de la bolsa de compra roja. Tuve que tocar al viejo, para ver si era de verdad, cosas raras me han pasado antes y no quería pensar que esta fuera solo fruto de mi imaginación.
Pues nada, seguí camino a casa, brinqué disimuladamente un par de veces a ver si era algo que venía con el viento y luego pensé que podría ser algo en la dieta mediterránea mezclado con la edad. Al llegar, me asomé al balcón y vi al cielo buscando el punto rojo.
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