Es que me ve todo el tiempo.
Cada vez que me siento en el café y ella está, nuestras miradas se cruzan. Yo pido generalmente un croissant inmenso y un jugo de naranja natural, ella come lo que sea, la he visto hacerlo, parece que no le importa, se ve el gozo en su cara, todo le parece exquisito. A veces pienso cómo sería eso, que todo todo lo que te ofrezcan sea como saborear el amor en tu paladar, intenso como para comerlo desesperadamente, y que apenas se acabe te entren aquellas ansias de un poquito más. Creo que no haría más nada con mi vida sino comer todo el día, lo que fuera, un poquito más.
He querido acercarme, a ella, a Sasha. Sé su nombre porque lo oí a él llamándola hace unos días, "¡Sasha! ¡Hey Sasha! Ella me miró por un instante y se fue tras él. ¡Ahhhg! El tipo da miedo, como 3 metros y medio de alto y de ancho, tatuajes que seguro se los hizo él mismo con una máquina de coser, una cara de esas que siempre tienen como una sombra aunque sea medio día, esa gente que no respira sino que resopla y que tiene como ese airecillo homicida en los ojos.
Por eso no me he acercado, no es miedo en realidad, yo prefiero llamarlo "instinto de conservación". He visto como la trata, le he visto darle migajas, levantarle la voz y darle nalgadas en pleno café; moverla de un lado a otro y pedirle disculpas a los demás porque ella es un estorbo. A ella parece no importarle, es de esas que donde estén se sienten cómodas, sé que no le importa y que además lo adora a él. Pero me ve cada vez que me siento a comer mi croissant.
Me ve con ojos tristes, suplicantes tal vez, y si se da cuenta que la estoy viendo se mueve de una forma un poco nerviosa. Me preocupa que él se dé cuenta y le grite que se comporte. Pequeña Sasha, tan simpática, la ves una sola vez y te gana por completo, lo veo en los demás que frecuentamos el café y que como yo la ven junto a él. Lo veo en el mesonero al que no le importa lo que piensen los demás y siempre le trae un detalle de postre, "por cuenta de la casa" dice, yo sé que los paga de su bolsillo. Sé también que no lo puede evitar, la ve todos los días y no puede resistirse, yo apenas la veo un par de días a la semana y me tiene perdido.
Pero un día me acerco, ya verán, me arrodillaré frente a ella la acariciaré toda mientras veo en sus ojos el pleno goce y la alegría. Rascaré detrás de sus orejitas y bajo su hocico, ¡y no olvidaré sobarle la panza! Sé que eso le va a gustar. Y antes de irme, sin que él se dé cuenta, le daré una de las puntas de mi croissant, porque en el fondo sé que no es a mí a quien ve con tanto detenimiento durante esas mañanas en el café, sé que no se mueve de forma nerviosa por mi culpa, sino por culpa del croissant que tengo en mis manos.
Pero será otro día, hoy él se ve especialmente tenebroso.
¡Hasta luego Sasha!
Hoy yo la veo irse, moviendo su colita alegre, olisqueando el aire de la plaza, pequeña Sasha.
Febrero 2009
Cada vez que me siento en el café y ella está, nuestras miradas se cruzan. Yo pido generalmente un croissant inmenso y un jugo de naranja natural, ella come lo que sea, la he visto hacerlo, parece que no le importa, se ve el gozo en su cara, todo le parece exquisito. A veces pienso cómo sería eso, que todo todo lo que te ofrezcan sea como saborear el amor en tu paladar, intenso como para comerlo desesperadamente, y que apenas se acabe te entren aquellas ansias de un poquito más. Creo que no haría más nada con mi vida sino comer todo el día, lo que fuera, un poquito más.
He querido acercarme, a ella, a Sasha. Sé su nombre porque lo oí a él llamándola hace unos días, "¡Sasha! ¡Hey Sasha! Ella me miró por un instante y se fue tras él. ¡Ahhhg! El tipo da miedo, como 3 metros y medio de alto y de ancho, tatuajes que seguro se los hizo él mismo con una máquina de coser, una cara de esas que siempre tienen como una sombra aunque sea medio día, esa gente que no respira sino que resopla y que tiene como ese airecillo homicida en los ojos.
Por eso no me he acercado, no es miedo en realidad, yo prefiero llamarlo "instinto de conservación". He visto como la trata, le he visto darle migajas, levantarle la voz y darle nalgadas en pleno café; moverla de un lado a otro y pedirle disculpas a los demás porque ella es un estorbo. A ella parece no importarle, es de esas que donde estén se sienten cómodas, sé que no le importa y que además lo adora a él. Pero me ve cada vez que me siento a comer mi croissant.
Me ve con ojos tristes, suplicantes tal vez, y si se da cuenta que la estoy viendo se mueve de una forma un poco nerviosa. Me preocupa que él se dé cuenta y le grite que se comporte. Pequeña Sasha, tan simpática, la ves una sola vez y te gana por completo, lo veo en los demás que frecuentamos el café y que como yo la ven junto a él. Lo veo en el mesonero al que no le importa lo que piensen los demás y siempre le trae un detalle de postre, "por cuenta de la casa" dice, yo sé que los paga de su bolsillo. Sé también que no lo puede evitar, la ve todos los días y no puede resistirse, yo apenas la veo un par de días a la semana y me tiene perdido.
Pero un día me acerco, ya verán, me arrodillaré frente a ella la acariciaré toda mientras veo en sus ojos el pleno goce y la alegría. Rascaré detrás de sus orejitas y bajo su hocico, ¡y no olvidaré sobarle la panza! Sé que eso le va a gustar. Y antes de irme, sin que él se dé cuenta, le daré una de las puntas de mi croissant, porque en el fondo sé que no es a mí a quien ve con tanto detenimiento durante esas mañanas en el café, sé que no se mueve de forma nerviosa por mi culpa, sino por culpa del croissant que tengo en mis manos.
Pero será otro día, hoy él se ve especialmente tenebroso.
¡Hasta luego Sasha!
Hoy yo la veo irse, moviendo su colita alegre, olisqueando el aire de la plaza, pequeña Sasha.
Febrero 2009
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