martes, 14 de diciembre de 2010

Anoche

Anoche estaba en un bar, o tal vez una casa donde había mucha gente tomando. Una casa oscura, todas las paredes de ladrillos, no de esas a media luz sino medio oscura.

Una chica se paró frente a mi y pude ver que sonreía. Sonreí yo también. Me tomó de la mano y me llevó a través de pasillos donde el ruido era ensordecedor y la luz apenas nos dejaba ver donde pisar. Llegamos a un corredor muy largo con una estrecha ventana que iba desde el piso al techo y por la que solo se veía oscuridad afuera.

Sonrió y yo sonreí de nuevo. Era natural. Era como si fuera lo más normal. Como si la casa fuera nuestra, como si el que estuviéramos tan pegados era algo que sucediera todos los días, y a pesar de eso sentía nervios.

Tomó mi cara con sus manos y sin dejar de sonreír me besó.

Sabía a vainilla y a galletas tostadas. Olía solo un poquito a jasmín y a tabaco. Se sentía como si fuera nuevo y tranquilo. Como algo que has visto en tu cabeza millones de veces, y que al suceder es mejor de lo que esperabas, algo que sabías sería divino.

Nos mordimos y nos probamos, nos lamimos y nos reimos, nos tocamos y nos apretamos. Queríamos complacer y hacer sufrir al mismo tiempo.

Las respiraciones se aceleraron y un rocío de sudor empezó a cubrir nuestra piel. Un poco más cerca, los dos; un poco más duro, yo; un poquito más fuerte, nos mordemos; un poco más caliente, todo.

Se rió y con una carcajada, pasó su lengua por mis labios y se separó de mi.

Se hundió en la penumbra, apenas a medio metro de donde estábamos, sacó un cigarrillo y al encenderlo vi...

que eras tú.

No hay comentarios: